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El Programa Nuclear Brasileño

27/12/2007

Brasil vive hoy un momento especial en la historia de sus actividades nucleares. La investigación en el área nuclear se inició en el país antes de 1945, año en el que la energía nuclear se tornó conocida mundialmente por su peor cariz, el poder destructivo de las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Desde aquella época, Brasil ha tenido un papel clave en el escenario internacional, incluso por nuestras grandes reservas naturales de uranio y torio.

Entre las décadas del ’40 y del ’80, Brasil desarrolló una gran capacidad en todas las áreas nucleares, incluyendo la producción de energía, el ciclo de combustible y aplicaciones médicas e industriales, respetando siempre las normas más avanzadas de seguridad adoptadas internacionalmente. A principios de la década de 1990, el área nuclear sufrió su peor fase. Con el argumento de la necesidad de transparencia en las actividades, a fin de garantizar que no se estaban desarrollando proyectos de construcción de artefactos nucleares, el gobierno, mediante un régimen de reducción y contención de presupuestos, prácticamente extinguió los programas de expansión, así como el mantenimiento de los proyectos existentes e, incluso, el área de seguridad y control.

Transcurrido un período de ligera recuperación en la década del ’90, entramos en el primer período del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva en una situación peculiar: a pesar de constituir la sexta reserva mundial de petróleo, con prospección sólo en el 30% de nuestro territorio hasta una profundidad de 100 metros, a pesar de ser uno de los 10 países que dominan la tecnología de enriquecimiento, a pesar tener un mercado de radiofármacos que crece a una tasa del 10% anual, el país corría el riesgo de perder la capacitación adquirida debido a la discontinuidad de las actividades y al envejecimiento y retiro del personal especializado.

Durante esos casi 60 años, no faltaron presiones externas destinadas a limitar el programa brasileño en el área nuclear, dada la importancia económica y estratégica del sector. En este contexto, fue fundamental el acuerdo con Argentina, ampliado después al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), en cuyo ámbito se creó la ABACC, a fin de garantizar al mundo las intenciones pacíficas de las actividades nucleares de Brasil y Argentina.

La prioridad que le dio al área nuclear el Ministerio de Ciencia y Tecnología (MCT) desde el inicio del gobierno de Lula fue decisiva para el cambio de este panorama. En 2004, la Casa Civil le encomendó al MCT una revisión de la política nuclear brasileña (PNB), tarea que fue derivada a la Comisión Nacional de Energía Nuclear (CNEN). Se convocó para la tarea a todos los directivos de las diversas entidades del sector nuclear y una primera versión quedó terminada recién a principios de 2005. Se produjo, entonces, un proceso de intensas deliberaciones, no sólo en el ámbito gubernamental, sino también en toda la sociedad, con frecuentes aclaraciones y trabajos de divulgación en eventos científicos y técnicos, en sesiones de la Cámara de Diputados y del Senado Federal, así como en entrevistas concedidas a los medios.

El proceso concluyó con la aprobación, el 25 de junio de 2007, en el Consejo de Política Energética, dirigido por el Presidente de la República, del reinicio de la construcción de la central nuclear Angra 3, de la que el 70% del equipamiento —fabricado en Alemania— fue adquirido y almacenado en el país hace más de 10 años, con un costo anual que supera los 22 millones de dólares estadounidenses. Irónicamente, debido a esto, Brasil se convirtió en uno de los grandes especialistas del mundo en cuanto a almacenamiento seguro de piezas mecánicas. A su vez, la , señaló la necesidad de construir entre 4 y 8 nuevas centrales nucleares hasta el año 2030, por lo que, en agosto, el Consejo Nacional de Política Energética (CNPE) autorizó el inicio de los estudios de emplazamiento de la cuarta planta que, probablemente, será una central de 1000 MW a instalarse en el noreste.

En cuanto a las demás actividades nucleares, las áreas del ciclo de combustible, las aplicaciones médicas e industriales y de regulación y control, a cargo del MCT, están contempladas en el Plan de Acción de Ciencia y Tecnología 2007-2010, considerando que la meta es la autosuficiencia en todos estos campos, la que se alcanzaría ya en 2014, año en el que Angra 3 deberá estar en operación. Naturalmente, a nivel del MCT, también se contempla la formación de recursos humanos para todo el proyecto, que sólo con Angra 3 creará cerca de cinco mil puestos de trabajo directos.

Como se puede apreciar, hoy en día, el área nuclear se considera estratégica y el Gobierno está intentando convertirla no solamente en un proyecto de gobierno, sino en un programa de Estado, de manera similar a lo que ocurre con otras áreas como economía, políticas sociales y política energética. Esto permite prever una nueva era para la comunidad nuclear, incluyendo a la ABACC que desempeña un rol fundamental, no sólo en lo que se refiere a salvaguardias y seguridad de no proliferación, sino también en el mantenimiento de la transparencia de nuestras actividades ante el OIEA y Argentina, nuestro principal aliado en el área.

Esperamos que este compromiso sea respetado por futuros gobiernos.

Sérgio Rezende

Ministro de Ciencia e Tecnología de Brasil